AVENTURA
De Argentina a Alaska en un
Graham-Paige de 1928
Una pareja de argentinos recorre más de 40 mil millas a
bordo de un "cacharrito" para realizar un sueño de adolescentes.
Qué pregunta inicial podría ser
mejor que la de ¿cómo se escaparon del manicomio? -¡Eso nos decían, que
estábamos locos! Por eso nadie nos despidió en el Obelisco...
Hermán y Candelaria Zapp son un
joven matrimonio que, desde novios a los 14 años, soñaban con ver mundo y
cumplieron el anhelo cuando el 25 de enero del 2000 emprendieron la ruta desde
la capital argentina hasta Prudhoe Bay, Alaska, adonde llegaron el 9 de
noviembre del 2003, con Pampa, su hijito de año y medio... ¡que nació en el
camino! "Llevábamos 6 años de casados, posponiendo el sueño", comenta
Hermán, "y ya queríamos tener hijos. Así que decidimos ir por el sueño y
luego por los hijos. Lo dejamos todo detrás, la casa nueva, mi propia empresa
electrónica... Originalmente el viaje iba a ser `a mochila´, pero"...
"Como a Hermán le gustan las
cosas antiguas -revela Candelaria- se nos apareció un señor a vendernos este
carro viejo y Hermán se enamoró de él. Eso cambió todo. Pagamos 4 mil dólares y
lo llevamos a un mecánico, pues el auto estuvo parado por nueve años. Pero ya
no teníamos plata para arreglarlo. Entonces ocurre una feria de carros viejos
en Buenos Aires y allí hallamos a un fanático de Graham-Paige que tenía
repuestos y nos empezó a ayudar. Poco a poco lo fuimos reparando".
El recorrido no fue fácil. Al
llegar a Ecuador a los 3 meses -de los 6 planeados para llegar al destino-, se
habían quedado sin un centavo. Entonces Candelaria se puso a pintar acuarelas
de pájaros que vendía entre 30 y 50 dólares. "Miles de personas nos
ayudaron en el camino. Casi siempre dormíamos en casas de familias, de toda clase,
pero a veces dormimos en el carro. Hemos tenido días de sólo 4 dólares, de si
pones gasolina no comes, o si comes no pones gasolina, de entrar en un país y
no conocer a nadie. Y mirá, siempre Dios ayuda".
A los 25 meses cruzaron la frontera entre México y los
Estados Unidos, y Candelaria estaba al final de su primer embarazo. El niño
nació en North Carolina, y a las 4 semanas ya estaban de nuevo en la carretera.
Como el vetusto coche se sofoca a más de 25 mph, a veces no sólo tienen que
comer en el camino, sino cocinar durante la marcha. "Adaptamos una olla al
múltiple de escape y cocinamos con el calor del motor. Los huevos duros y las
salchichas no los medimos por minutos... ¡sino por millas!" -cuenta
Candelaria.
Agonías aparte en alguna que otra
frontera, 3 años y 7 meses después de la partida, Candy y Hermán llegaron con
su ancianito Graham-Page a la orilla del gélido Mar Ártico. Había que
celebrar... y le pusieron vino tinto al radiador, pues el coche bien que se
merecía un traguito. "Al entrar a Canadá -dice Hermán-, Candy empezó a
llorar porque el viaje estaba acabando. Sin embargo, llegar a Alaska era el
punto final, pero no el fin del viaje".
¿No? Entrevistamos al matrimonio
en Altamonte Springs, en el área de Orlando, en la Florida, porque se preparan
para repetir la aventura, esta vez en Asia. Esperan su tercer hijo a finales de
año -Tehue es su segundo chico-, y en enero del 2008 desembarcar en la India
para recorrer luego Sri Lanka, Bangladesh, Camboya, Vietnam, Tíbet y después
irse a Australia. Y están promoviendo su libro sobre la experiencia,
"Atrapa tu Sueño", que les ayuda a sufragar gastos y que puede
obtenerse en la Internet y librerías, y en www.argentinaalaska.com o pedirse
por correo electrónico a three_americas@yahoo.com.net.
"Este viaje nos ha cambiado
-explica Candelaria-, mi marido era muy ansioso, ¡ya no! Vimos que la vida es
más lenta a través del parabrisas y aprendimos que con calma se llega
lejos". Hermán por su parte cree que "lo más difícil de todo es
comenzar un sueño, y sólo más difícil que eso es terminarlo. Si realmente vas
por tu sueño, lo vas a cumplir. Ve y atrapa tu sueño"...
El Graham-Paige 1928 de la
aventura
Graham-Paige fue una importante
marca automotriz norteamericana en los años 20 y 30, hasta que al terminar la
Segunda Guerra Mundial la absorbió Frazer-Kaiser. El vehículo de la aventura
era muy avanzado para la época. Tiene -original- un motor de 6 cilindros en
línea y 3 litros, frenos hidráulicos, bomba de gasolina, 3 velocidades manuales
asincrónicas, y arranque eléctrico. Recorre unas 13 millas por galón. Las
ruedas son de madera, con neumáticos de tractor y apenas se han pinchado una
vez. Carece de aire acondicionado, pero en México le instalaron calefacción.
Para orientarse, Candy y Hermán se sirven de mapas impresos, no de GPS. Al auto
se le agregó un techo levadizo tipo campera para más espacio interior.
El viejo slogan de Graham-Paige,
"Espíritu en Movimiento" no podría aplicarse mejor...